miércoles, 20 de noviembre de 2013

Corazón de Jesús, ternura de Dios


Dios se hizo hombre para amar con corazón humano. Quiso acercarse a todos los que sufren y acariciarlos con sus manos, mirar con ojos encendidos de amor a los niños y envolver con su mirada de cariño al joven rico.
El Corazón de Jesús es la ternura humana de Dios, que tanto ha amado a los hombres que nos ha “comprado” con su sangre. Su ternura es nuestra salvación. Por eso tenemos que vivir los cristianos en contacto con la ternura de Dios, encendidos en amor, pues si no “ardemos” el mundo morirá de pena y de frío. La ternura del Corazón de Jesús invade nuestro mundo triste y lo llena de esperanza.
Los que han descubierto el Corazón de Cristo viven con una fe cierta, una esperanza llena de claridades y un amor fecundo. Su ternura es un mar inagotable de misericordia, donde deben desembocar nuestras debilidades con la convicción de que con Él “todo es posible”.
La ternura del Corazón de Jesús es el gozo de cada día, pues su amor se ha hecho cercanía humana y nos recoge en su Corazón de carne como una “gallina recoge a sus polluelos”. ¿No es una comparación preciosa para hacernos comprender su ternura?