Domingo del Corpus Christi.
14-6-2020
Jn 6, 51-58.
La solemnidad del cuerpo y la sangre de CRISTO de Corazón
abierto nos hace vivir la Eucaristía celebrada, comulgada y adorada. Es la
fiesta de Jesús sacramentado en nuestras calles, en nuestra vida cotidiana.
1. Este texto conocido de Juan del discurso eucarístico del pan de vida en la
sinagoga de Cafarnaúm junto al lago Tiberiades, Jesús revela la profundidad de
la Eucaristía con tanta claridad y sencillez que muchos desde entonces dejaron
de seguirle...comer su cuerpo, beber su sangre, es un misterio difícil de
entender.
2. La afirmación más contundente de Cristo es que la Eucaristía es vida. El
que come de este pan, vivirá para siempre y quien se aleja de la Eucaristía, se
aleja de todo lo bueno y de la vida en abundancia de la que habla el Señor. Eucaristía
es Cristo vivo y resucitado. Sin la Eucaristía celebrada, comulgada y adorada
la vida languidece y vivimos en una anemia espiritual. ¿No será esta afirmación
de Jesús la clave pastoral que cuando no se pone en práctica, nuestras
comunidades mueren? decían los primeros cristianos no podemos vivir sin la Eucaristía,
sin celebrar el domingo, el día del Señor.
3. También Jesús insiste que no fue Moisés el que nos dio el Mana, sino que es
mi Padre del cielo el que os da mi cuerpo y mi sangre que es la vida regalada y
entregada por amor. En el desierto el pueblo de Israel moría de hambre y de
sed. En el Corazón vivo de Jesús se encuentra la expresión personal de lo que
es esencialmente la Eucaristía, que sacia con el pan de vida nuestra hambre de
amor y salvación. Es la Eucaristía de donde brota de su costado abierto, el
agua viva prometida a la Samaritana, sabiendo qué quien bebe de su Corazón no tendrá
sed jamás.
+ Francisco
Cerro Chaves
Arzobispo de
Toledo.Primado de España
