Miércoles de ceniza.
Mt 6,1-6. 16-18.
Cuarenta días de cuaresma es como una olimpiada de amor
para vivir el misterio central de nuestra fe, Cristo muerto y resucitado. Nos
preparamos durante cuarenta días con el baño de la Palabra y la vida.
Siempre el evangelio que se lee de Mateo me habla de lo
esencial del cristianismo, religión del Corazón, donde se crece por dentro para
servir por fuera. El fariseísmo es una práctica religiosa sin corazón.
1. Jesús va a poner en su sitio las bases de la persona religiosa en su
relación con Dios. La oración, el ayuno y la limosna son las herramientas
vividas bien en la profunda relación con Dios. Cuando oréis, que vuestra
oración sea gratuita y transformante. Crecer por dentro, para servir por fuera.
Orar en el Corazón de Cristo es tener sus sentimientos. Ser bueno de verdad. Los
fariseos que aparecen orando en el evangelio se pasan la oración contándole a
Dios lo bueno que son y juzgando a los demás por lo malo que son. Su oración es
su derecho para juzgar a Dios y a los hermanos. No tiene el sello de la
humildad que la haría radicalmente cristiana. La cuaresma es un tiempo para
comprometerse a orar todos los días y que nuestra oración sea cristiana porque
nos lleva a una vida coherente.
2. Cuando ayunéis tenéis que lavaros el corazón de lo que nos impide crecer en
mansedumbre y humildad. No se ayuna más que para tener hambre y sed de Dios y
compartir con los más necesitados imitando así tu generosidad. El ayuno que
quiere el Señor es para vivir la caridad y para eso es necesario el olvido de
sí. No es un ayuno negativo, es más bien como cuando se poda un árbol, que
siempre es para que tenga más vida y la savia circule por todo su ser revitalizando
todo. La cuaresma es siempre el tiempo de la poda que anuncia en pleno invierno
que está cerca, la primavera perenne de la Iglesia que es la pascua florida.
3. Cuando deis limosna hacerlo con un corazón humilde. Dar y darse es la mejor
expresión de la limosna cristiana. Los santos Padres hablan de que la limosna
es la misericordia. Es ser misericordiosos como vuestro padre es
misericordioso. Toda conversión pasa por el bolsillo. Toda limosna en el fondo
es decir a cada persona, tú me importas, tú eres precioso para Dios y para mí y
hago lo que puedo por ti, dándote mi tiempo, mi vida, mi ayuda económica y
sobre todo, mi mirarte a los ojos. Me acerco a los pobres, no me alejo de ellos. Seguramente que ellos
me necesitan, pero no menos que yo les necesito a ellos, para que contemple en
sus rostros a Cristo.
+ Francisco
Cerro Chaves
Arzobispo electo
de Toledo
Administrador
Apostólico de Coria-Cáceres.