IV Domingo del tiempo ordinario.
La presentación del Señor.
Lc 2, 22-32.
Fue el Papa Juan Pablo ll el que instituyo esta jornada
de la vida consagrada unido a la presentación de Jesús en el Templo el primer
consagrado al Padre.
Ya en el seno de la Virgen nos recuerda la carta a los
hebreos la actitud de vida consagrada de Jesús, aquí estoy Señor para hacer tu
voluntad.
1. La escena de Lucas tiene el encanto y la ternura de los que han permanecido
esperando en todas las noches. Simeón y Ana nos recuerdan que nunca es tarde si
la dicha es buena. Siempre hay solución cuando nos envuelve la esperanza. Se de
quien me he fiado y estamos ciertos de que no falla de que el Señor es puntual
a la cita.
2. María como buena israelita presenta al Niño como primer consagrado, como
primogénito del Padre. Ella entra en el Templo con José como una más con su
hijo. No pide privilegios. Ni se le hace una mención o recibimiento especial.
Seguramente que por la noche alguien dijo, todo normal en este día, rutinario,
nada extraordinario. Las cosas de Dios llevan siempre el signo inconfundible de
lo sencillo y lo cotidiano, de lo humilde.
3. Seguir a Jesús es saber esperar. Cuando nos cansamos y no somos capaces de
tener paciencia con los planes de Dios no llegaremos muy lejos. Es necesario
caminar confiados. Saber tener paciencia.
El seguimiento de Jesús esta tejido de poner los ojos en
quien siempre tiene abierto el Corazón. Estos humildes contemplativos del
Templo nos marcan un camino de esperanza y osadía. De saber esperar tejiendo primaveras
con su Presencia. Sigamos al Señor con la mirada puesta en quien sabemos que
nos ama.
+ Francisco
Cerro Chaves
Arzobispo electo
de Toledo
Administrador
Apostólico de Coria-Cáceres.
