¿GUARDAR SILENCIO EN
LOS TEMPLOS?
Son muchas las
personas que me dicen una y otra vez el poco respeto y silencio que se vive dentro
de los templos, en nuestras iglesias, en los lugares sagrados.
Algunos me dicen, con
razón, que debemos decir una palabra autorizada y clara, porque todos los intentos
han fallado. Ni la música de fondo, ni tener a una persona
llamando al silencio,
ni enfadarse seriamente con los que quizás ya no saben distinguir en un lugar público
si es o no un lugar sagrado.
La verdad es que los
primeros que tenemos que dar ejemplo de respeto y silencio somos los que vivimos
en el entorno del templo. Nuestro saber estar, educar a los que quizás entran
por primera vez en el templo.
Os cuento una
anécdota que me ocurrió hace años. Asistía
en un santuario
mariano a un encuentro masivo y se hablaba verdaderamente como en la calle.
Faltaba un sentido
mínimo de respeto. El rector del santuario se puso al micrófono y comenzó a tratar
de callar a la gente con todo tipo de motivaciones. Después perdió los papeles
y una y otra vez los callaba, pero no conseguía el silencio respetuoso que
pretendía. Al entrar en la sacristía se dirigió a mí y me dijo: ¿Se ha dado
cuenta?
Al final los he
callado. Le contesté al momento: usted los ha vencido, pero no los ha
convencido. Los ha callado, pero no ha conseguido que caigan en la cuenta del
lugar donde están y hagan
silencio para una oración que nos prepara a la celebración. Ayudarles a guardar
silencio, descubriendo que en su interior por ese silencio se da el
encuentro con Dios.
Ante esta realidad
quiero, en tres puntos sencillos, manifestaros lo que estoy convencido de que entre
todos vamos a tratar de darle solución cristiana desde una realidad que no
podemos obviar.
1. Nuestra sociedad
no es cristiana. No tiene en estos momentos ideas claras sobre si un lugar público
es o no sagrado. Aquí tenemos que trabajar y hacer una catequesis ocasional que
ayude a devolver a los lugares sagrados su dignidad.
No es cuestión de
“callarlos”, de ponernos nerviosos, sino de educar en la fe,
para que los acontecimientos vividos en la fe exijan un
respeto y consideración que no podemos dar por supuesto. Esta actitud de los
que vienen a nuestras celebraciones nos están indicando su sentido de la fe ¿No
es esto un catalizador de que la fe de la gente que viene a nuestras celebraciones
está muy lejos de conocer y vivir en profundidad la vida cristiana?
2. Sería muy positivo
que poniendo todos los medios se
respete los templos
como “casas de oración” y no un “mercado”. Dediquemos tiempo a educar en la fe
aunque sea de modo ocasional. Descúbranles que tiene alma, interioridad, que es
necesario el silencio para el encuentro con Dios y consigo mismo. ¿Por qué dice
San Lucas que María guardaba todo en su corazón? Porque tenía un tesoro dentro,
Jesús.
Muchos de los que
vienen a nuestras celebraciones no
saben lo que es la
interioridad, por eso viven en una profunda superficialidad. Ayudémosles, pero
no los “echemos” del templo, menos que saquen la conclusión de que estamos escasos
de acogida.
3. A nivel práctico
podría ser una iniciativa que antes de
las celebraciones
masivas una persona explicase la ceremonia y diese motivaciones. Entrar en un
recinto sagrado exige un respeto. Recordemos la frase del hermano Rafael: “Hermano,
calla, que estamos hablando con Dios”. El guardar silencio siempre tiene mucho
que ver con experimentar lo que dice el Salmo: “estar habitado y no
tener en el corazón una soledad poblada de aullidos”.
+Francisco Cerro
Chaves
Obispo de
Coria-Cáceres