(Orar
con Mc. 1, 12-15)

¿Cuál es la gran tentación de Jesús, como también la nuestra? El Señor
quiso ser tentado para enseñarnos a vencer la tentación y para darnos la fuerza
de saber que, con Él, todo lo podemos. Me impresiona que Jesús fuese conducido
por el Espíritu Santo hasta el desierto y allí fuese tentado ¿Qué significado
tiene esto para nuestra vida?
Primero, que todo lo que es lugar de gracia, de encuentro con el Señor,
como el desierto, como la oración, como nuestra propia vocación, también se
puede convertir en lugar de tentación. Somos tentados allí donde es más fuerte
el encuentro con el Señor. Está claro que aquello que para nosotros sigue
siendo una inmensa gracia, nuestra vocación sacerdotal, religiosa, matrimonial,
es también lugar de nuestras grandes luchas, de nuestras grandes tentaciones.
Jesús es conducido por el buen Espíritu al desierto y es tentado para no
cumplir con la misión que le ha encomendado su Padre. Dios no tienta,
pero sí permite la tentación allí donde también es lugar de gracia y de
encuentro con el Señor.
Segundo, que toda tentación se vence con la fuerza del Señor, cuando somos
capaces de descubrir que todo lo que no me lleva a cumplir la voluntad de Dios,
y no está en comunión con el Señor y con la Iglesia, es tentación. Los engaños
son siempre triunfos del Enemigo. Sólo vencemos con la profunda humildad del
que busca, en todo, como Jesús, cumplir la voluntad del Padre que le conduce a
la cruz y a la resurrección, es decir, a dar la vida, más que a quejas
estériles que nos complican y no edifican a nadie.
Tercero, la tentación nos acompañará a lo largo de toda nuestra vida.
Disponerse a seguir a Jesús es abrirse a que seremos tentados, allí donde
recibimos las mayores gracias de nuestra vida: la Iglesia, nuestra parroquia,
nuestra comunidad, nuestra vocación. Cuando llegue la tentación, recordad lo
que le dijo el Quijote a Sancho: Ladran, querido Sancho, luego cabalgamos.
Ésta es la clave, como decía santa Teresa de Jesús, de una determinada determinación
de seguir a pesar de la tentación, como nos recuerda el Señor, de saber que
nada ni nadie nos podrá apartar del amor de Dios, pues en toda tentación vencemos
fácilmente por Aquel que nos ha amado.
+ Francisco
Cerro Chaves
Obispo de Coria-Cáceres